Cómo cumplí mi sueño de venir a vivir a Brasil

Una de las grandes cosas que me propuse hace ya bastante tiempo fue la de vivir en el extranjero, volver a experimentar la sensación de rehacer mi vida desde cero en otro lugar, de sentir la necesidad de aprender a pasos agigantados, de adaptarme a una nueva cultura, de construir nuevas relaciones… Esas cosas que a la mayoría de los mortales le da pavor, a mí me emociona.

En 2012 conocí Brasil y pensé “es aquí donde quiero probar a vivir”. Y no sabría explicar muy bien por qué Brasil. Me atrajo el carácter de su gente y también las perspectivas positivas de crecimiento del país. Mientras los jóvenes recién titulados abandonaban España para buscar trabajo, recuerdo una conversación con un alto directivo brasileño del sector de la tecnología que decía “Nuestro problema es que necesitamos más gente formada, queremos crecer y la falta de talento joven es lo que nos frena”. Recuerdo también los comentarios de “queremos crecer, y ampliar nuestra planta, construir un par de edificios y el problema es que ya se van acabando los terrenos”. Supongo que eso, unido al carácter abierto y tranquilo de la gente, tuvo un peso importante en mi “amor” por ese país.

Finalmente, un año y medio después, acabo de empezar una nueva aventura en São Paulo, con una duración aún por definir… Y no me he plantado aquí con una mochila a buscar trabajo, ni he tenido necesidad de aceptar unas condiciones peores a las que tengo en Madrid, no he cambiado de sector. Simplemente, he conseguido que mi empresa me envíe a trabajar allí haciendo mi trabajo, con mayor responsabilidad y mejores condiciones.

¿Cuestión de suerte? Creo que no… Cuestión de proponérselo.

Detesto los “qué suerte tienes” cuando lo que hay detrás es determinación y esfuerzo. Mis billetes a Brasil no salieron de una tómbola, sino que son fruto de un plan y un trabajo continuo.

Quizás haya algún lector en la misma situación, queriendo buscar una oportunidad parecida, o quizás simplemente haya quien tiene interés por ver cómo he tenido “esta suerte”.

A continuación, algunas de las ideas que considero clave:

  1. Fórmate

Abre los ojos. Jamás conseguirás una buena oferta de trabajo en el extranjero si tu dominio del idioma no es total. No vale con “defenderse”. La empresa no es una ONG, no contrata a personas para formarlas en el idioma, busca personas capaces de desarrollar un trabajo idéntico al que podría desarrollar alguien local. Por lo tanto, si tienes claro que quieres ir fuera, a un lugar donde el idioma es diferente al tuyo, prepárate, fórmate y aprende. Esto conllevará renunciar a otros planes, pero si tienes claro que es lo que quieres, ¿no estás dispuesto a renunciar?

Y prepárate para demostrarlo. No hablo solo de títulos (que ayudan, pero no lo son todo), te digo que aproveches las ocasiones que tienes para demostrar que hablas las lengua. En mi caso, por ejemplo, lucí mi mejor portugués con los portugueses de la oficina, porque…¿de qué sirve saber algo si no lo demuestras?

  1. Busca un futuro que te acerque a tu objetivo

Para vivir una experiencia como esta no es siempre necesario cambiar de trabajo. Hay personas que para vivir este tipo de experiencias debe dejar su trabajo y buscarse otro en el lugar a donde quiere ir (con la dificultad que ello entraña). O, incluso, dejar un trabajo “fijo” para ir “a ver qué encuentran”. Esta es una opción muy válida y, sobre todo, muy valiente. Muchos otros sentirán vértigo ante esta opción e ignorarán su deseo de vivirlo. El caso es que hoy en día es muy posible tener esta experiencia y mantener tu trabajo. No es posible en todos los casos, está claro. Por eso, es un factor a tener en cuenta cuando estás valorando tu trabajo o una posible oferta. ¿Crees que este empleo puede acercarte a ese objetivo? Mi experiencia me dice que es más fácil en empresas pequeñas o medianas, pero con implantación internacional. Las empresas grandes muchas veces son tan grandes que trabajan casi de manera independiente entre las diferentes oficinas y no tienen necesidad de mover recursos. En las pequeñas, en cambio, es más probable que se abran vacantes que tú, mejor que nadie, puede cubrir por conocer ya la empresa.

  1. Exprésate:

Y esto es clave. Si quieres irte fuera, ¡háblalo e insiste si es necesario! Por supuesto, no hablo de contárselo a tus compañeros y amigos. Háblalo con tu jefe, o con el jefe de tu jefe, o con cualquier persona que consideres que puede tener poder de decisión.

Yo incluso lo suelo decir en el proceso de selección. Gestión de expectativas, se llama. “Estoy buscando un empleo que me permita X, Y y Z.”. Y una vez en el puesto, lo voy comentando con los responsables de la decisión. No hace falta ser muy pesado para que lo tengan en cuenta. Con hablarlo un par de veces, pensarán en ti cuando surja la oportunidad.

  1. Estate listo

Y así, el día menos pensado, llega el día en el que te ofrecen aquello que tanto tiempo has deseado pero…. “bueno, te irías en agosto, tendrías que cancelar tus vacaciones…y  tienes 3 semanas para prepararte y mudarte”. Y mi respuesta fue “claro, allá voy”. ¡Aún algunos se echan las manos a la cabeza porque renuncie a mis vacaciones de agosto! ¿Quién quiere estar de vacaciones pudiendo estar viviendo esa experiencia por la que lleva tiempo luchando? El año tiene otros 11 meses para las vacaciones, que dicho sea de paso, seguro que las puedo aprovechar mejor en Brasil. En definitiva, asume que si llega algo así, no habrá alfombras rojas, no será una transición fácil, será rápido y tienes que estar ya preparado para ello.

  1. Trabaja la red de contactos

Asegúrate que aquellos que están donde tú quieres estar te conocen, y tienen una buena opinión de ti. Si estás buscando un cambio de departamento, empieza a trabajar tus relaciones con ese departamento, especialmente con los responsables. Es bueno que te reconozcan cuando oigan tu nombre y más aún que piensen en ti ante una eventual necesidad de gente. Si estás buscando cambiar de oficina, de país o de empresa, ídem. Trabaja tus relaciones, son las que te abrirán las puertas.

Con esto no pretendo crear un decálogo de cosas a hacer. Es solo un breve resumen de aquellos elementos clave que a mí me ayudaron. Espero que resulte útil.

Un abrazo desde Brasil J

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¿Y tú?¿Tienes ambiciones similares?

¿Has conseguido algún logro similar y consideras clave algún otro elemento?

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Herramienta sencilla para movitarte con el tracking de tus objetivos

Pequeña ayuda para ayudarme en la consecución de objetivos

Una vez más, me ha costado bastante (un mes!) sacar tiempo o ideas para escribir en el blog, pero como todo es cuestión de constancia y a eso no me gana nadie 😉

La idea y su contexto:

Esta vez quiero escribir un post muy breve sobre una pequeña idea que he tenido recientemente y que me ayuda a hacer tracking de mis objetivos. En este caso primer caso de prueba, lo he hecho con el deporte, y concretamente, con el running, pero creo que se podría aplicar a otros muchos casos:

  • Objetivos de ahorro (euros)
  • Objetivos de estudio (horas)
  • Dejar de fumar (días)
  • Pérdida de peso (kgs)
  • Asistencia al gimnasio (días)
  • Escribir en el blog (posts)
  • Seguimiento general de todos los propósitos del año
  • Etc.

La idea surgió en el trabajo, hablando de buenas prácticas de seguimiento de objetivos y sobre cómo el tener el objetivo y el nivel de avance que has conseguido en un lugar visible podía motivar a la acción. Y si esto funciona en el entorno laboral, ¿por qué no probarlo en el personal?

Así que dicho y hecho…

La construcción:

La idea era sencilla: poner en un sitio visible de la casa un recordatorio de mis propósitos e ir viendo en qué medida los estaba cumpliendo. Pensé que una pizarra era la mejor idea, ya que puedes ir borrando, marcando avances y haciendo tantos cambios como creas convenientes y siempre me ha encantado escribir en la pizarra.

Me daba igual utilizar una pizarra blanca con rotuladores o una negra con tiza, pero tenía claro que no quería hacer agujeros para colgarla. Por eso, busqué dos tipos de pizarras: imantadas o adhesivas.

En las tiendas Natura solían tener imantadas, pero las que quedaban ahora eran muy pequeñas y apenas tenían espacio para escribir. La mejor opción para empezar la encontré en una cadena de decoración en Madrid, barata, similar a Tiger, cuyo nombre no consigo recordar… Es una pizarra adhesiva pequeñita y bastante decorativa, que costó un euro, pero ya he encargado por Amazon una pizarra adhesiva de mayor tamaño.

Decidí pegarla en la nevera, porque en mi caso está muy visible desde el sitio crítico: el sofá. Además, al ser adhesiva creí que podría encajar bien en ese tipo de superficie, sin dejar marcas después.

 

La dinámica

La forma de utilizarla es muy sencilla. Escribes el objetivo que tienes en mente de tal manera que sea fácil de medir. En mi caso “Correr 100 km”.

Otros objetivos:

  • Ahorrar mil euros
  • Estudiar 10 horas semanales de inglés
  • Dejar de fumar
  • Perder 5 kgs
  • Ir al gimnasio 15 días al mes

Si quieres puedes añadirle un plazo temporal, en mi caso no lo hice para ponérmelo más fácil 😉

Después un paso importante es pensar una recompensa. La recompensa es lo que te puede ayudar en los momentos de debilidad, pero llegará un momento en que deje de ser lo que te motive, y tendrás una motivación intrínseca. Por ejemplo, si el objetivo es dejar de fumar, puedes regalarte una sesión de compras o una escapadita si consigues no fumar durante 3 meses. Una vez que hayas cogido ese hábito y ya estés por el buen camino, dejarás de necesitar la recompensa.

En mi caso, me puse una recompensa, que actualmente estoy modificando y que probablemente acabe desembocando en unas buenas zapatillas. Por lo tanto, cuando corra 100 km me voy a permitir el lujo de unas zapatillas y durante los primeros días las visualizaba para levantarme del sofá. Busca algo que te motive pero que sea lógico y proporcionado, nada de dar la vuelta al mundo por correr 10 km o de comprarte un paquete de tabaco para celebrar que llevas 3 meses sin fumar.

Después, divides el objetivo en “miniobjetivos” o tramos, que puedas representar fácilmente. En mi caso partí los 100 km en tramos de 10 para pintarlo más fácil.

 

Y ahora qué

Después de varias semanas, he conseguido correr casi 20 km en pocos días y sigo mirando la pizarra, pero como sucede en estos casos, cada vez necesito hacerlo menos. La motivación intrínseca del deporte empieza a ser más fuerte que esa recompensa.

De hecho, el domingo volví a participar en una carrera después de un año. Y las sensaciones fueron buenísimas J

Mi plan es llevar esto a otros objetivos, empezando por el ahorro. La pizarra grande ya está en camino y estoy deseando que llegue para empezar.

Dejo una foto del resultado por si ejemplifica y unos links de pizarras a la venta en Amazon que podrían servir.

Imagen

 

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Y vosotros…¿tenéis algún truco que os ayude a no perder de vista vuestros objetivos? ¿Algo que mejorar a la idea de la pizarra?

APRENDIENDO DE MIS ERRORES

Todos cometemos errores, y aunque suena a tópico lo importante es aprender de ellos para mejorar.

Yo, paradójicamente y por diferentes motivos, fallé a dos de mis propósitos_ nutrir mi blog “Cuestión de Proponérselo” y mantener la constancia con el deporte. Quiero compartir ahora mi reflexión, aprendizaje y plan de acción.

Reflexión:

  • Prioridades mal gestionadas. Como acaba de recoger Ángel en este post, tener prioridades y dar más peso a unas áreas de tu vida que a otras es completamente normal, pero es importante no abandonar por completo lo que no consideras prioritario. En una época en la que he dejado un trabajo y empezado en otro nuevo, me he mudado y ha cambiado mi vida de manera importante, el blog perdió peso en mi escala de prioridades. Lo que nunca debí haber hecho es abandonarlo. ¿Acaso no he tenido unos minutos en casi 6 meses para dedicárselos a escribir? ¿acaso no he tenido ningún aprendizaje importante o reflexión que pudiera reflejar por escrito y compartir de manera pública?
  • La inercia y el duro momento de empezar: relacionado con lo anterior, es importante no abandonar algo por completo porque volver a empezar se convierte en todo un reto. Hace 2 meses tuve que dejar de correr por una lesión y solo hace unos días que he vuelto a calzarme las zapatillas. El momento de empezar fue duro. No exagero si digo que estuve 2 horas, con la ropa de deporte, sentada en el sofá de mi casa, leyendo el periódico, hablando por teléfono y hasta haciendo limpieza general de la casa. Era capaz de hacer de todo antes de salir de mi casa… Por eso, si puedes evitarlo, mejor no abandonar un hábito por completo. Si no tengo tiempo para escribir un post completo, largo y profundo, ¿por qué no dedicar 10 minutos para anotar algunas ideas o hacer un esquema, e ir completando a medida que voy sacando algo de tiempo?
  • Las ambiciones y los objetivos deben ser alcanzables. Refina tus propósitos si es necesario: si no puedes escribir un post de 2000 palabras a la semana, ¿por qué no te propones escribirlos más cortos, con menor frecuencia? Y si ello implica cambiar tu ambición o plan inicial, NO HAY NADA DE MALO EN ELLO. Lo malo es abandonar los esfuerzos porque el propósito resulta demasiado difícil. Si por una lesión, ya no puedo correr esa carrera de 10 km que tenía en mente, me propongo correr una de 5km, que es más alcanzable y me anima a seguir entrando.
  • Poner números: recuerdo que  una de las cosas que me mantenía más motivada a escribir el blog era ver las estadísticas de visitas, los números, los gráficos, ver la evolución. Ver que esta semana había leído mis posts cierto número de personas me animaba a escribir y conseguir un mayor número de lectores en la siguiente semana. De manera similar, hacer seguimiento de mis estadísticas de running en Endomondo, me anima a hacer más km la siguiente semana. Si tienes un propósito, ponle números, mídelo de alguna manera y rétate a ti mismo a mejorar.
  • Visualizar y materializar los compromisos. Esta mañana he oído una teoría inspiradora, que refuerza algunas de las ideas que ya he compartido en otros post. La teoría identifica cuatro fases desde el planteamiento de una meta hasta y para su consecución. Concretamente, yo lo relaciono con la capacidad de llevar a la realidad lo que nos proponemos, con cumplir con aquello que queremos conseguir.
  1. PENSARLA. Puedes pensar “voy a empezar a correr”, por ejemplo, pero  tener en mente una meta no es suficiente para alcanzarla. De hecho, según algunos estudios, menos del 15% de los que solo piensan una meta la consiguen.
  2. ESCRIBIRLA. El siguiente paso a tenerla en mente puede ser escribir “empezar a correr” en nuestros propósitos de fin de año, por ejemplo. Cuando escribimos una meta conseguimos describirla con un mayor grado de detalle y convertirla en accionable. Además nos permite “visualizarla”, se convierte en algo más tangible que cuando solo está en nuestras mentes. Según estudios, el 35%-40% de las personas que escriben una meta la alcanzan.
  3. COMPARTIRLA. La siguiente fase es la de compartir la meta con alguien, por ejemplo, contarle tu propósito a tus amigos o a la familia. Cuando contamos algo a alguien, se genera mayor compromiso. Además, dentro de un tiempo esa persona nos preguntará si hemos empezado ya a correr, y cómo vamos con ello. Cada vez que nos lo pregunten, se nos encenderá una alarma si aún no nos hemos calzado las zapatillas, y reforzará nuestro compromiso y nos hará sentir orgullosos si la respuesta es “sí, ya llevo una semana”. Según el estudio, el 64% de los que comparten su meta con alguien, consiguen alcanzar su objetivo.
  4. BUSCAR UN PARTNER. Por último, buscar una persona que nos ayude o apoye en la consecución del objetivo es el último paso para ayudarnos a conseguirlo. Por ejemplo, podemos quedar con un amigo en que saldremos a correr juntos todas las semanas. Con esto, se refuerza el compromiso, al involucrar a otra persona, y ponemos  los medios y la ayuda necesaria para conseguir el objetivo. Un estudio indica que el 76% de quienes buscaron un compañero para la consecución de sus objetivos, alcanzó la meta propuesta.

Algunas referencias sobre este tipo de estudios se recogen en estos posts (post 1, post 2).

Resumiendo, a partir de ahora, intentaré escribir posts más cortos, manteniendo el hábito aunque tenga poco tiempo. Y para ello, lo comparto por escrito y he pedido apoyo a mis ayudantes, que me ayudarán con la revisión de los borradores. Aprovecho para agradecerles su colaboración y la ayuda que me ofrecen para instaurar mi hábito.

 

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Y a vosotros, ¿qué os ayuda a conseguir aquello que os habéis propuesto? ¿Hasta qué punto os ayuda escribirlo o compartirlo con alguien? ¿con cuánta frecuencia lo hacéis?

 

 

 

¿Aprender a decir que “NO”? NO, gracias

Uno de los fallos que más veces me han detectado en el ámbito laboral, académico y personal ha sido que “no sabes decir que no. Tienes que aprender a decir que no”. La explicación suele ser que mi disposición por hacer cosas y ayudar a los de alrededor acaba por enterrarme bajo montañas de trabajo y a menudo me veo asumiendo problemas de otros y trabajando más horas de las necesarias por ayudar a algún compañero. Creo que tienen parte de razón cuando me dicen esto. Efectivamente, no sé decir que no, o más bien, lo hago poco.

Pero creo que la segunda parte, la de “tienes que aprender a decir que no” no es del todo cierta. Creo que en este mundo sobra gente que sabe decir que no, y falta gente que sepa (y quiera) decir que sí.

Creo que hay que aprender a decir que sí, en tres ámbitos y con tres significados bien diferentes.

–          El “SÍ” valgo

Mis compañeros de promoción sabrán la de veces que pude llegar a decir eso de “tú echa el CV y que decidan ellos si les gustas o no”. Venían a la universidad grandes empresas en busca de candidatos para incorporarse y al terminar solo unos pocos entregábamos nuestros CVs. Otros muchos salían de allí como habían entrado y decían “uf, estos buscan solo cracks. No me voy a molestar en echar el CV”. Es algo que nunca entenderé. Hasta la fecha, entregar CVs en mano o mandarlos por email, no tiene prácticamente coste alguno, es decir, hay poco que perder y bastante que ganar. Quizás es cierto, quizás eches un CV y no te llamen para una entrevista, pero desde luego es imposible que lo hagan si no muestras tu interés. ¡Qué cuesta enviar un CV!

Sobre esta habilidad para “autodescartarnos”, Sheryl Sandberg, actualmente COO de Facebook y una mujer de mucho éxito en el mundo de los negocios, explica con buenos ejemplos en su libro “Lean In” que es mucho más habitual entre las mujeres. Tal y como relata en su libro, en el mundo de los negocios hay muchas mujeres que tras recibir una oferta de promoción por parte de sus superiores han rechazado por no sentirse preparadas, por no dominar absolutamente todas las capacidades o conocimientos requeridos y recomendados para el puesto. Las mujeres sentimos a menudo que esos puestos se nos quedan grandes. Si tus superiores, que probablemente te conozcan bastante bien, han decidido apostar por ti, probablemente no estén muy confundidos y estás preparada o bien podrás estarlo con algo de formación y tiempo.

Cuando terminé el Bachillerato mi tutor me invitó a participar en un examen para el Premio Extraordinario de Bachillerato del País Vasco. Mi primer pensamiento fue algo así como “¿para qué voy a ir, si no lo voy a ganar?”. Mi tutor me dio más detalles. El examen, sería la semana siguiente a la Selectividad y el temario era el mismo. Yo no tenía ningún plan para esa semana y, por lo tanto, tenía más bien poco que perder, así que decidí presentarme. Mi inversión sería de 3 horas, la duración del examen, ya que no había que estudiar nada, porque todo estaba reciente de la selectividad.

Unas semanas más tarde me comunicaron que estaba entre los ganadores y me convocaron a una entrega de premios. Reconocimiento, premio económico y un mes de curso, alojamiento y actividades en Canadá. Esa fue mi primera oportunidad para poder viajar y hacer lo que siempre había querido, estudiar inglés en el extranjero. Conclusión: con una inversión de 3 horas, gané una experiencia de mi vida y unas amistades que a día de hoy siguen siendo muy importantes en mi vida. Todo ello porque decidí probar suerte a riesgo casi 0.

Nunca te autodescartes: Aunque creas que tienes pocas opciones, un esfuerzo pequeño puede reportarte grandes beneficios.

 –          El “SÍ” tengo tiempo

Otra cosa que no apoyo en absoluto es esa excusa tan recurrente de “no tengo tiempo”. A menudo la gente no tiene tiempo para hacer un curso de formación, para aprender un nuevo idioma o para empezar a hacer deporte. Es sorprendente cómo a veces personas con jornadas laborales de 8 horas o jornadas de estudio de 5 horas y sin obligaciones familiares ni de otro tipo “no tienen tiempo” para mejorar su inglés, para hacer deporte, o para hacer ese curso de cocina del que llevan tanto tiempo hablando. Luego somos capaces de perder 3 horas al día viendo la televisión o 2 horas en Facebook. A todos aquellos que dicen no tener tiempo, les recomendaría que se sentaran con papel y boli a anotar sus obligaciones y actividades diarias, teniendo en cuenta su prioridad. Creo que como resultado, muchos se darán cuenta de que SÍ tienen tiempo, si realmente quieren tenerlo. Además, tengo el firme convencimiento de que cuantas más cosas tienes que hacer, mejor organizas tu tiempo, y como resultado, más consigues hacer. Mi anterior post, hablaba precisamente de cómo gestiono mi tiempo para conseguir llegar a casi todo.

Si quieres, SÍ tienes tiempo

–          El “SÍ” te ayudo

Otra cosa que no deja de sorprenderme, y de disgustarme, es la facilidad con que negamos la ayuda a la gente de nuestro alrededor, con la que nos negamos a hacer un esfuerzo extra por los demás. En las oficinas no deja de verse gente que de manera recurrente sale de la oficina a las 17.30, mientras otros tienen que dejar su vida personal a un lado porque se ven obligados a salir a las 22:00, para poder sacar el trabajo pendiente. Y cuando entra algún nuevo trabajo que hacer, ¿quién es el que dice estar “muy liado” y no poder arrimar el hombro? Efectivamente….siempre ayudan los mismos. ¿Cómo puedes ver a un compañero agobiado y no arrimar el hombro? Al final, se acaba entrando en una dinámica destructiva de “yo no ayudo, porque él tampoco me ayudó”. Quizás esto, de alguna manera, esté relacionado con el “effort aversion” sobre el que he leído hoy por primera vez en el periódico. El estudio dice que la “gente decide esforzarse menos, incluso si esto significa una menor satisfacción personal” si no hay una compensación económica detrás. ¡Qué triste leer algo así!

Antes de decir “NO”, párate a pensar cuánto te cuesta realmente ayudar a esa persona y cuál es el beneficio que tendrá para la otra persona

En conclusión, en lugar de aprender a decir “no” ¿por qué no aprendemos todos a decir “sí”?  

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¿Qué opináis vosotros?

¿Estáis de acuerdo conmigo en que sobra gente que sabe decir que “no” y falta de gente que sepa decir que “sí”?

¿Qué “no” es el que más os irrita?

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Aprovecho para disculparme por haber tardado tanto en actualizar y porque tengo previsto no actualizar en las próximas dos semanas.

Me espera un viaje de casi tres semanas de ensueño y desconexión por Tailandia. Prometo volver con muchas fuerzas y grandes posts.

Así es como consigo llegar a (casi) todo: Mis 7 hábitos personales para la gestión del tiempo

Una de las frases que más veces he oído en los últimos años es la de “¿Cómo lo haces para que te dé tiempo a hacer todo lo que haces?”. La verdad es que una de las cosas que más me satisfacen es irme a la cama con la sensación de haber exprimido al máximo las horas del día. Es una sensación gratificante, como de trabajo bien hecho, de haber aprovechado cada minuto, que a mí me llena de energía para el próximo día.

Es cierto que soy una persona que hace de todo y, por lo general, acabo llegando a todo. Una vez más, es cuestión de proponérselo. Recuerdo las charlas en casa en las que me insistían en “priorizar. No puedes hacer de todo”. ¡Y vaya que sí pude!

Ahora puedo trabajar en consultoría (con la fama que el sector tiene), estudiar idiomas, hacer deporte, ser voluntaria y todo ello sin renunciar a momentos de ocio y de disfrutar con amigos y familia.

Para todos aquellos que me siguen preguntando “¿Cómo llegas a todo?” y por si a alguien le ayuda, he aquí mis 7 hábitos relacionados con la gestión del tiempo, siguiendo con la idea de Stephen R. Covey en sus “7 hábitos de la gente altamente efectiva” (Confieso no haber conseguido terminarlo todavía…):

1)      No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy

Esta ha sido mi máxima durante mucho tiempo. Si puedes hacer algo ahora mismo, sin comprometer su calidad y con los mismos resultados que hacerlo mañana, para qué responder “voy a….” o “tengo que…”. Simplemente, hazlo.  Por supuesto, muchas veces no es posible hacer las cosas de inmediato, bien porque estás haciendo otra cosa, porque debes esperar a algo. Pero me pone nerviosa los “voy a…” y “tengo que…” desde el sofá.

Si tienes que llamar a alguien, llámale, antes de que se te vaya el santo al cielo y se acumule en tus cosas que hacer. Si un sábado te acuerdas de que tienes que ir a lavar el coche, ¿por qué no lo haces y te liberas cuanto antes?

2)      Planifica: haz un horario visual, como en el colegio

Reconozco que en esto soy como los niños. Tener una rutina y unos horarios aproximados me ayuda a ganar en productividad. Cuando eres consciente de que tienes un tiempo X para hacer algo y después vas a tener que dedicarte a otra cosa, eres capaz de aprovechar más y mejor el tiempo. Ese fue quizás uno de mis trucos durante la carrera. Compaginando estudios y trabajo, sabía que tenía, supongamos, 2 horas, de 19:00 a 21:00, para hacer un trabajo. Esas dos horas para mí eran mucho más productivas que las 4 ó 5 que habría tenido disponibles si me hubiera dedicado al 100% al estudio.

Me gusta tener un plan semanal, como los que hacíamos en el colegio, en Excel, en forma de tabla y con colores. Me sirve para empezar el curso, o el año, y llega un momento en el que lo tengo interiorizado y no me hace falta, pero me gusta visualizar mis tareas del día a día, aunque sea a grandes rasgos

3)      Concéntrate

Durante mis estudios, también se sorprendía mucha gente de los resultados que obtenía en exámenes dado el tiempo que dedicaba al estudio. He ahí mi otro gran truco: dedicar 95%-100% de mi atención a la tarea que tengo entre manos.

Esto quiere decir que si estando en clase haces un esfuerzo por concentrarte durante, supongamos, una hora, al máximo en la explicación que te están dando, evitarás tener que dedicarle dos horas en entenderlo y memorizarlo por tu cuenta. El estar muy concentrado y atento a algo no solo te ayuda a entender algo (esencial) sino que, sin querer, estarás memorizando una gran parte.

En ese sentido, para estar concentrado delante del ordenador, recomiendo los consejos de Ángel sobre cómo evitar las distracciones cuando escribimos un post.

4)      Madruga (o si lo prefieres, trasnocha)

No sé si a quien madruga Dios le ayuda o no, pero lo que sí sé es que le cunde más el día.

Siempre he sido una persona muy de mañanas. Aprovecho la tranquilidad de las primeras horas del día para hacer aquellas cosas que durante el día me llevarían más tiempo por el tráfico, las llamadas de teléfono, las continuas interrupciones, etc. Reconozco que soy de esos especímenes con la suerte de que no les cuesta mucho madrugar y que se levantan pensando “¡qué bien tener todo el día por delante!”. Y si el día se puede comenzar haciendo deporte, mejor. Recuerdo la sensación de empezar el día con unos largos en la piscina y aquello era energía para todo el día. Ahora mantengo la costumbre de hacer deporte a primera hora siempre que puedo. Me gusta correr un domingo por la mañana antes de que las calles se llenen de gente paseando y llegar a casa con las pilas puestas, mientras muchos se están desperezando.

En ese sentido, hay dos tipos de personas: las de mañanas, y las de noches. De hecho, en la universidad se notaba muy bien, estaban “los que estudian de mañanas” y “los que estudian de noches”. Creo que muchas de las cosas que yo hago y sentimientos que experimento a primera hora son aplicables también a las noches, para aquellos que las aprovechen mejor.

5)      Aprovecha los tiempos muertos

Esta costumbre (obsesión) la tengo desde muy pequeña. Los trayectos en el autobús de mi casa al colegio duraban unos 30 minutos y nunca iba quieta. Si iba sola en el autobús, aprovechaba para hacer los deberes del día siguiente o para leer unos apuntes. Nunca me han gustado los tiempos muertos. Ahora cada vez que viajo, aunque sea 10 minutos de tren o 12 horas de vuelo, siempre llevo algo para leer o para hacer. Si no tengo nada importante que hacer, acabo viendo una película o escuchando música, pero si puedo invertir ese tiempo en hacer algo de tal manera que luego me evite el tener que ponerme a ello cuando podría estar haciendo algo mejor (por ejemplo, una vez llego a mi destino), no lo dudo.

Esta costumbre me acaba llevando a:

  • Leer/trabajar en la medida de lo posible en el transporte público, en las esperas en el médico
  • Estudiar en la playa. Por supuesto, si he salido el día anterior o estoy cansada, duermo y si estoy de charla con mis amigos, la disfruto, pero si no, ¿en qué puedo invertir ese tiempo de estar boca abajo?
  • Aprovechar las pausas para comer. Según mi horario oficial, tengo una pausa de dos horas para comer. Ante eso, puedo ir a casa, comer, ver la tele y volver, o comer en media hora y aprovechar la otra hora y media para hacer deporte, aprender idiomas o escribir estos posts.

6)      Varía de actividad

Cuando dedicas demasiado tiempo seguido a algo, la curva de la productividad desciende de manera importante. Los expertos dicen que aproximadamente cada hora y media hay que descansar. Creo que esto es muy importante. Trabajar 10 horas sin apenas parar no es sano. En las épocas de mucho trabajo, siempre he preferido parar para ganar en productividad. Siempre que puedo, además, intento hacer deporte, pues eso me hace “desconectar” y llenarme de energía para lo que queda. Si una jornada de trabajo prevista de 8 de la mañana a 7 de la tarde, la partes en dos y dedicas una hora a hacer deporte, o salir a comer, o ir a pasear, probablemente seas capaz de sacar más trabajo del previsto y acabes saliendo antes.

7)      Herramientas que utilizo a diario: Checklists y Google Calendar

En la universidad he llegado a tener 3 agendas diferentes para cada curso y ayudarme con una PDA. Empezar el curso con la costumbre de utilizarla era una cosa fácil, pero conforme pasaban los meses acababa dejando de consultarla (aunque sí apuntaba) y, posteriormente, dejando de apuntar nada en ellas. Mi método era entonces, comprar una agenda nueva, con nuevos colores y así me motivaba a usarla durante unas semanas. Al final, no conseguí acostumbrarme al 100% a utilizar una agenda escolar.

Ahora hay dos herramientas que verdaderamente me ayudan cada día.

Checklist: los primeros 10-15 minutos en el trabajo los dedico a hacer una checklist de las cosas que tengo que dejar hechas a lo largo del día. Tener la imagen de lo que queda pendiente y ver el avance, tachar ToDos, es algo que no solo me ayuda a organizarme sino también me va motivando “ya queda menos”.

Google Calendar: después de muchas agendas, en papel, electrónicas, aplicaciones, he dado por fin con la herramienta que más se adapta a mis necesidades: Google Calendar. Esto es lo que ha conseguido hacer la diferencia:

  • Siempre disponible. A diferencia de una agenda de papel, siempre tengo Google Calendar disponible. Si no estoy delante de mi ordenador, lo tengo en mi teléfono Android. Se acaban esos momentos de “debería apuntar esto pero no tengo mi agenda” o “me he dejado la agenda en casa y no sé si me estoy dejando algo por hacer”. El poder escribir y consultar en cualquier momento desde el teléfono (siempre lo llevo encima) asegura que no abandonaré esta agenda como tantas veces hice con las de papel.
  • Visualización: Google Calendar se puede visualizar de varias maneras diferentes. A mí, personalmente, me gusta la visión semanal (como en mis antiguas agendas escolares) y me permite ver la representación de mis horarios que mencionaba en el punto 2). Me gusta la posibilidad de establecer diferentes calendarios, con colores y avisos diferentes. Esto me ayuda a establecer prioridades, ya que puedo ver de un vistazo qué actividades corresponden al calendario “trabajo” “exámenes” y cuáles, en cambio, son “ocio”, “opcional”, etc.
  • Avisos: ya no hace falta que “abra” la agenda para consultar qué tengo que hacer durante el día. Me llegan avisos de Google Calendar a mi móvil un tiempo antes (lo puedes configurar, para minutos, horas o días antes) a través de un email y después de un aviso. Así, me aseguro que no habrá algo que escribí en la agenda y que no he visto que tenía que hacer.

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¿Qué tal se os da a vosotros la gestión del tiempo?

¿Qué os parecen mis hábitos? ¿Propondríais algún otro?

Por cierto, he cambiado el diseño del blog, intentando personalizarlo poco a poco. ¿qué os parece?

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Antes de acabar, quería aprovecha para decir que el anterior post ha batido record de visitas y comentarios y parece que ha levantado bastante expectación. Muchas gracias a todos los nuevos seguidores y a quienes me habéis apoyado, espero poder seguir creando contenidos que os resulten interesantes

Mi propio plan estratégico

Hace unos cinco años mis compañeros de promoción y yo misma teníamos bien claras nuestras metas y qué teníamos que hacer para alcanzarlas. Hoy, ya no tanto. Durante la universidad, sabíamos que teníamos que terminar la carrera y a ser posible con una buena media para el día de mañana tener trabajo, teníamos que mejorar el inglés y sacar algún título para poder disfrutar de nuestro semestre de intercambio en algún destino que nos atrajera y teníamos que ahorrar dinero para poder salir de casa de nuestros padres o para comprarnos ese coche o moto que cada vez se nos hacían más necesarios.

Ahora, después de haber hecho el semestre de intercambio, con trabajo y un coche, ya no sabemos qué más tenemos que hacer. En ocasiones nos sentimos algo perdidos y, simplemente, nos dejamos llevar. Estamos, como dice una buena amiga, “viendo nuestra vida pasar”.

Con la graduación, se acaba una etapa, en la que todo estaba planificado y empieza una nueva etapa, casi como un lienzo en blanco.

Es el momento de marcar una nueva ruta, y esta vez nadie lo hará por nosotros. Es el momento de trazar un plan a largo plazo y esto no es cosa fácil…

Lección 1: Acabada la época de estudiante (si no, antes) toca reflexionar sobre nuestros objetivos a largo plazo

Lo más complicado es ser consciente de la necesidad de sentarnos a pensar, de reflexionar, de marcar metas para construir el camino. Recuerdo que hace unos años, en un taller dinamizado por Joserra Mandiola, dentro del programa Innovandis, nos habló por primera vez de hacer nuestro Plan de Vida. Curiosamente, llevábamos años aprendiendo a diseñar estrategias y orientar las acciones de empresas y todo tipo de organizaciones, y resulta que nunca se nos había ocurrido hacerlo para nuestra propia vida.

Lección 2: El sentido común y los principios de la gestión de empresas son aplicables a tu propia vida

Después de varios años con la idea de ir a Estados Unidos a estudiar un MBA en mente, un buen amigo me hizo una pregunta muy sencilla: “¿Y para qué?” .Me di cuenta de que mi respuesta estaba completamente vacía  “Para ir a Estados Unidos, para estudiar, para tener un MBA”. Estaba confundida. Ir a Estados Unidos, estudiar, tener un MBA no son más que un medio para alcanzar alguna ambición, y no pueden entenderse como fines en sí mismos.

Esto me lleva al famoso pasaje de Alicia en el País de las Maravillas:

 -¿Podría decirme, por favor, qué camino he de seguir desde aquí?

-Eso depende en buena medida del lugar adonde quieras ir- dijo el gato

-No me importa mucho a dónde… –dijo Alicia.

-Entonces no importa por donde vayas –dijo el gato.

 Mi versión del Plan de Vida: un árbol de objetivos

A continuación, resumo cómo fue el proceso de autorreflexión que hice hace unos pocos meses y que se basa en una representación sencilla y rápida de objetivos. Sigue un poco la idea del Plan de Vida que ya nos habían enseñado pero lo he personalizado un poco.

Papel y boli en mano, lo primero fue identificar ambiciones, metas, a dónde quería llegar en el futuro. Traté de visualizar mi vida y mi “yo ideal” en 20-30 años (a más largo plazo se me hace demasiado complicado). En mi caso, acabé llegando a 7-8 ambiciones a largo plazo, que al revisarlas me dí cuenta de que unas eran derivadas o generalizaciones de otras y se podían agrupar, reduciéndolas a 4-5 grandes metas a alcanzar (Nivel I).

Estas metas son generales, no detallan plazos. Son lo que podríamos asemejar a nuestros objetivos estratégicos.

Algunos temas que pueden orientar son: situación familiar, laboral, salud, amistades, crecimiento personal. En definitiva, ¿cómo quieres que ser tú mismo cuando tengas 40-50 años?

Lección 3: Deberías ser capaz de identificar, al menos, un par de grandes ambiciones que te inspiren

A partir de ahí, el siguiente paso es preguntarse qué necesitamos conseguir para alcanzar cada uno de esos 4-5 objetivos de Nivel I que nos hemos propuesto. Para ello, hay que preguntarse “Para alcanzar ese objetivo estratégico, ¿qué tengo que hacer?”. Por ejemplo, supongamos que una de nuestras grandes metas es “Ser Independiente”. Para ser independiente, debemos, entre otras cosas:

–         Tener seguridad personal

–         Tener recursos suficientes

–         Tener buena salud

Estos serían los objetivos de Nivel II. A su vez, esto puede desglosarse en más y más niveles (Tener buena salud implica llevar una vida saludable, lo que a su vez lleva a alimentarme de manera correcta, dormir 8 horas y hacer deporte de manera regular). Los objetivos son cada vez más operativos, más cortoplacistas, y acaban convirtiéndose en metas cercanas, concretas, medibles, alcanzables, realizables, (típico acrónimo SMART) o en buenos propósitos de fin de año 😉

Al final, nuestra lista de ambiciones y objetivos se convierte en un árbol, cuyas últimas ramas deberían orientar nuestro día a día, debería ayudarnos a la toma de decisión y a decidir en qué invertir nuestro tiempo y nuestros esfuerzos de los próximos días.

Por si ayuda a entenderlo mejor, un ejemplo para representar a qué me refiero con este “árbol de objetivos”:

Los ejemplos son un poco tontos, pero puede ayudar a representar la idea

Los ejemplos son un poco tontos, pero puede ayudar a representar la idea

Existen algunas herramientas que pueden ayudarnos a representar estas nubes de ideas y estas relaciones, por ejemplo, MindMeister.

¿Cómo y para qué utilizarlo una vez hecho?

Mi árbol de objetivos, lo más limpio posible, lo guardo en un cuaderno y sé que está disponible cuando necesito retomar el rumbo. Así, si se me presenta una oportunidad y tengo que tomar una decisión, miro el cuaderno e intento buscar si tiene encaje en mi “plan estratégico”.

Si al realizar mi reflexión no he identificado la necesidad de estudiar un máster en Estados Unidos en ninguno de los niveles, ¿acaso tiene sentido que lo haga? Pues puede, pero siempre y cuando no desvíe tu atención y tiempo de cosas que claramente sí tienes que hacer para alcanzar tus metas.

Alguien me dijo una vez “Esta empresa me paga un máster en una universidad de prestigio, ¿cómo no voy a aceptarlo?” y recuerdo que claramente le respondí “El máster no es bueno o malo en sí mismo, todo depende de la utilidad que tenga PARA TI. Si racionalmente consideras que estudiar ese máster es necesario para alcanzar lo que quieres en un futuro, adelante, pero no te dejes llevar por el “es lo que hay que hacer”, “estas oportunidades hay que aprovecharlas” Piensa si podrías utilizar ese tiempo en algo que claramente te acerque a donde quieres llegar”. PRIORIZA.

Cuando terminamos la ESO mi profesor de física me llamó a su despacho. Se había enterado de que había elegido un Bachillerato de Ciencias Sociales y de que sentía interés por la economía. Aquel hombre no podía entender que una persona con buen expediente, con buenas notas en matemáticas y física, no apostara por un bachillerato científico y una carrera de ingeniería. “Tú, con tus notas, podrías estudiar una ingeniería industrial o de telecomunicaciones que es lo que muchos quieren y no consiguen”. Aquel discurso tuvo poco o ningún efecto sobre mí. Jovencita, pero en aquel momento muy segura, le dije “Efectivamente, podría hacerlo, pero no es lo que quiero”. Y no me arrepiento, creo que tomé la decisión correcta, la que mejor encajaba con el “yo” que quiero ser.

Lección 4: Las cosas no son buenas (oportunidades) o malas (amenzas) por sí mismas, todo depende de tu meta y de si eso te acerca o no a ella

Por último, no olvidemos que la vida no puede basarse en un plan estratégico y de que a veces sentimos las necesidad de hacer cosas “just for the fun of it”. Esas cosas son sanas y necesarias y, de hecho, seguramente seríamos capaces de identificarlas como uno de los requerimientos para alcanzar algún objetivo de nivel superior. No es cuestión de obsesionarse. Personalmente, este plan me ayuda por el simple hecho de hacerlo y puedo revisarlo cuando siento que, como digo yo, necesito retomar las riendas y el rumbo de mi vida. Los planes estratégicos deben inspirar, orientar y ayudar a priorizar, no encorsetar o limitar.

Lección 5: Tu plan estratégico debe facilitarte la vida, no complicártela 😉

Espero que estas ideas resulten útiles y, si es necesario, ayuden a alguien a coger las riendas de su vida 😉

Os dejo con un vídeo inspirador que viene al caso. Gracias a Rafa por la idea.

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¿Alguien hace este tipo de reflexiones? ¿Cómo las hacéis?

¿Creéis que es una buena costumbre hacer esto o es mejor “improvisar”?

¿Crees que un plan así puede limitarnos?

Aprendiendo a hacer una web, posicionarla en buscadores y ser menos miope

Terminé mis estudios con unas ganas y disposición enormes para ayudar en el desarrollo de negocios. Esa fue una de las razones que me impulsó a buscar mi futuro en la consultoría, esperando poder ayudar a empresas, analizar situaciones y darles una respuesta y, a la vez, utilizarlo como fuente continua de retos y aprendizaje para mí.

Sin embargo, mientras me centraba en ayudar a medianas y grandes empresas, me estaba olvidando de mi entorno más próximo, de un pequeño negocio familiar que estaba en mi entorno, en mi propia casa, y que bien merecía un poco de atención. La idea es la misma que cuando un individuo dona su dinero al África Subsahariana y, a la vez, ignora al familiar o conocido que le pide ayuda o le niega unos euros al indigente que se le acerca en el metro.  Siempre he dicho lo mismo, para ayudar a alguien no hace falta mirar muy lejos.

Por otro lado, hace ya algún tiempo que entre mis propósitos estaba el construir una página web. Desde mis inicios con el dreamweaver y pasando por diferentes portales para el diseño de webs, siempre he querido crear algo mío que yo misma hubiera creado, publicado, con un dominio propio, y estuviera accesible y, para eso, buscaba (con poco éxito) una oportunidad para aprender.

Así, el pasado enero me decidí a dedicar esfuerzos a dar mayor visibilidad al negocio de mi madre, un taller de labores y bordado, empezando por la puesta en marcha de una página web. Pero aquel primer impulso quedó  en una declaración de intenciones, nunca encontrábamos el momento de sentarnos a trabajar, hasta que este mes (quizás bajo los efectos de la agitación mental que supuso mi viaje a Estados Unidos) me decidí a ponerlo en marcha por mí misma. Decidí que si no había oportunidades para diseñar el concepto y sitio juntas desde cero, la mejor manera de hacerlo sería construir la web yo misma y después trabajar en mejorarlo con mi madre.

Así, este fin de semana puse en marcha la página web del Taller de Labores Realce y quiero compartir en esta entradas dos tipos de aprendizaje del último fin de semana: los técnicos y los humanos.

  1. Aprendizajes técnicos:
    1. Cualquiera puede hacer una web

Hoy por hoy existen un número casi infinito de páginas web y lejos ha quedado el tener que aprender HTML. Recuerdo haber aprendido algunas nociones y el manejo de Dreamweaver en la Universidad y cierto es que lo encontrábamos hasta divertido. Pero la realidad es que es necesario cierto nivel de manejo de etiquetas y puede consumir bastante tiempo, según el tipo de web que quieras hacer.

Hoy en día, se han desarrollado unas herramientas que con un diseño user friendly te permiten hacer una página web, más o menos sencilla y con cierto gusto, en un ratito y con unos cuántos clics. Las webs ya no son una cuestión de etiquetas sino de arrastrar y hacer clic. No saber HTML ya no es una excusa. Si sabes usar un ordenador, sabrás hacer una web.

Este artículo recoge algunas de las herramientas que más se utilizan hoy en día:

Mi experiencia personal con este tipo de herramientas es la siguiente:

  • Google Sites: habitualmente me siento muy cómoda trabajando con productos de Google y soy una fan de muchas de sus aplicaciones, así que mi primer intento (en enero) fue con Google Sites. Me resultó una herramienta potente pero en ocasiones sentía que había tantas opciones que necesitaba un manual y consultar las FAQ en varias ocasiones. Probé a comprar el dominio y después conectarlo con el sitio que había creado, pero empecé a perderme en algunas confirmaciones y esperas. Al final, el resultado es que, como me estaba costando avanzar, acabé dedicándole cada vez menos tiempo y terminé por aparcarlo.
  • WordPress: Últimamente he visto muchos cursos para crear páginas web en 4 horas con WordPress y, si tengo oportunidad, quizás me deje caer por uno algún día.  A día de hoy, mi experiencia con WordPress es bastante limitada, más allá de estar desarrollando mi blog en esa plataforma. Anteriormente probé Blogspot, pero creo que WordPress ofrecía un abanico mayor de opciones para mi blog. El caso es que, llegado el momento de hacer la web, la asociación mental WordPress-blog me hizo decantarme por otra.
  • Wix: Esta herramienta fue la primera user friendly que utilicé y recuerdo que me encantó. Pensé que a partir de entonces podría crear páginas web para todo, fácil y de una manera rápida. Al final, como todo en esta vida, una vez que lo miras con un poco más de amplitud (y experiencia), resultó ser una herramienta más, con sus ventajas y desventajas. Te permite hacer unos diseños vistosos a partir de plantillas, aunque la edición se me hacía incómoda en ocasiones: intentabas editar el contenido de un cuadro de texto y sin querer lo desplazabas, etc. Esta vez estuve valorando la opción de hacer la página del Taller de Labores en Wix pero tras esa sensación de incomodidad y ver que las versiones de pago eran más caras, decidí no usar Wix.
  • Weebly: La decisión final fue hacerlo con Weebly y, por el momento, creo que fue una buena decisión. Por el momento, está bajo la versión gratuita (aunque se paga por el dominio) y estoy valorando la opción de hacer un upgrade. Algunos de los puntos fuertes de esta herramienta son:
    • Variedad infinita de plantillas gratuitas. En WordPress, por ejemplo, hay muchas, pero gran parte son de pago.
    • Es muy cómodo de editar, en comparación con otras como Wix.
    • Comprar el dominio y asociarlo a la web es sencillo y no hay que esperar. Se hace de una manera sencilla y directa y en cuanto compras y publicas, está disponible con la nueva url.
    • Tiene un precio económico. El Weebly Starter, el siguiente plan al gratuito, cuenta menos de 4 dólares al mes y ofrece unas funciones suficientemente completas en la mayoría de los casos (estadísticas avanzadas, permite personalizar el pie de página y eliminar la marca de Weebly, etc.).
Vista de diseño de web en Weebly Free de www.laboresrealce.com

Vista de diseño de web en Weebly Free de http://www.laboresrealce.com

    1. Una web (o un negocio) no es nada sin Google (SEO)

Volviendo al inicio, lo que más le preocupaba a mi madre es que alguien le intentara buscar en Google y no le encontrara y es que hoy en día, nadie buscará tu teléfono o tu dirección en las páginas amarillas. Por lo tanto, una de las prioridades de cualquier negocio es aparecer en Google.

Lo primero que hice en enero fue registrar el Taller de Labores Realce en Google Places para que cualquiera que lo buscara en Google Maps pudiera ver dónde está, cómo llegar y cómo ponerse en contacto por teléfono.

Google Places fue sencillo de utilizar: tras rellenar los formularios online Google envió a la dirección proporcionada una carta por correo postal para verificar la dirección. Una vez recibida la carta y hecha la verificación en Google Places, el negocio ya estaba en el mapa, y en Google.

Por otro lado, cuando este fin de semana terminé la web, SORPRESA, no la encontraba en Google. Yo había aplicado algunas cosas muy básicas de SEO (el propio weebly tiene algunas opciones en su configuración) pero aquello no funcionaba. Después de la decepción inicial, me di cuenta de dos cosas:

      • Google necesita un tiempo para indexar las webs
      • El SEO es mucho más que elegir palabras clave. En relación con este segundo tema, os recomiendo los consejos SEO de BrunoVD, que yo me voy a estudiar bien este fin de semana para mejorar el posicionamiento de la web. Espero poder compartir algunos aprendizajes en siguientes posts.
  1. Aprendizaje humano: hay infinitas oportunidades para aprender cerca de ti

Como he dicho, llevaba tiempo buscando la oportunidad de aprender a hacer una página web, igual que de aprender muchas otras cosas. En mi trabajo, no se había presentado la oportunidad y mis horarios eran incompatibles con algunos de esos cursos que tan interesantes me resultaban.

Una vez más, sentía que mi situación y condiciones no me daban la oportunidad. Estos últimos días me he dado cuenta de que era yo la que no estaba viéndola.

A veces nos empeñamos en hacer posgrados, seminarios y cursos de idiomas en el extranjero, e ignoramos las oportunidades para aprender que tenemos más cerca y más baratas.

¿Tan necesario es un curso de WordPress con la cantidad de información que hay disponible en Internet? ¿Hay algo mejor que desarrollar de cero tu página web, consultando para ello, toda la información que hay disponible (muchísima)? Del mismo modo, con la cantidad de bibliografía, películas y series que hay disponibles en inglés y viviendo en ciudades con una cantidad importante de anglosajones queriendo aprender español y/o dispuestos a enseñar su idioma, ¿es tan necesario pagar miles de euros por un curso en Londres para mejorar tu inglés?

En conclusión, no hay excusa. El que no aprende es porque no quiere.

 

Finalmente, si alguien se anima a hacer una web y le gustaría que le ayudara o aconsejara un poco desde mi experiencia, que no dude en ponerse en contacto y se hará lo posible 😉

  • Y aquellos que tenéis más experiencia en estos temas de páginas web, ¿cuál es vuestra opinión? ¿cuál es vuestra herramienta favorita y por qué?
  • ¿Qué experiencia tenéis con el tema del posicionamiento en Google?
  • ¿Alguna vez habéis sentido, como yo, que padecemos cierta miopía para ver oportunidades a nuestro alrededor?