Cómo cumplí mi sueño de venir a vivir a Brasil

Una de las grandes cosas que me propuse hace ya bastante tiempo fue la de vivir en el extranjero, volver a experimentar la sensación de rehacer mi vida desde cero en otro lugar, de sentir la necesidad de aprender a pasos agigantados, de adaptarme a una nueva cultura, de construir nuevas relaciones… Esas cosas que a la mayoría de los mortales le da pavor, a mí me emociona.

En 2012 conocí Brasil y pensé “es aquí donde quiero probar a vivir”. Y no sabría explicar muy bien por qué Brasil. Me atrajo el carácter de su gente y también las perspectivas positivas de crecimiento del país. Mientras los jóvenes recién titulados abandonaban España para buscar trabajo, recuerdo una conversación con un alto directivo brasileño del sector de la tecnología que decía “Nuestro problema es que necesitamos más gente formada, queremos crecer y la falta de talento joven es lo que nos frena”. Recuerdo también los comentarios de “queremos crecer, y ampliar nuestra planta, construir un par de edificios y el problema es que ya se van acabando los terrenos”. Supongo que eso, unido al carácter abierto y tranquilo de la gente, tuvo un peso importante en mi “amor” por ese país.

Finalmente, un año y medio después, acabo de empezar una nueva aventura en São Paulo, con una duración aún por definir… Y no me he plantado aquí con una mochila a buscar trabajo, ni he tenido necesidad de aceptar unas condiciones peores a las que tengo en Madrid, no he cambiado de sector. Simplemente, he conseguido que mi empresa me envíe a trabajar allí haciendo mi trabajo, con mayor responsabilidad y mejores condiciones.

¿Cuestión de suerte? Creo que no… Cuestión de proponérselo.

Detesto los “qué suerte tienes” cuando lo que hay detrás es determinación y esfuerzo. Mis billetes a Brasil no salieron de una tómbola, sino que son fruto de un plan y un trabajo continuo.

Quizás haya algún lector en la misma situación, queriendo buscar una oportunidad parecida, o quizás simplemente haya quien tiene interés por ver cómo he tenido “esta suerte”.

A continuación, algunas de las ideas que considero clave:

  1. Fórmate

Abre los ojos. Jamás conseguirás una buena oferta de trabajo en el extranjero si tu dominio del idioma no es total. No vale con “defenderse”. La empresa no es una ONG, no contrata a personas para formarlas en el idioma, busca personas capaces de desarrollar un trabajo idéntico al que podría desarrollar alguien local. Por lo tanto, si tienes claro que quieres ir fuera, a un lugar donde el idioma es diferente al tuyo, prepárate, fórmate y aprende. Esto conllevará renunciar a otros planes, pero si tienes claro que es lo que quieres, ¿no estás dispuesto a renunciar?

Y prepárate para demostrarlo. No hablo solo de títulos (que ayudan, pero no lo son todo), te digo que aproveches las ocasiones que tienes para demostrar que hablas las lengua. En mi caso, por ejemplo, lucí mi mejor portugués con los portugueses de la oficina, porque…¿de qué sirve saber algo si no lo demuestras?

  1. Busca un futuro que te acerque a tu objetivo

Para vivir una experiencia como esta no es siempre necesario cambiar de trabajo. Hay personas que para vivir este tipo de experiencias debe dejar su trabajo y buscarse otro en el lugar a donde quiere ir (con la dificultad que ello entraña). O, incluso, dejar un trabajo “fijo” para ir “a ver qué encuentran”. Esta es una opción muy válida y, sobre todo, muy valiente. Muchos otros sentirán vértigo ante esta opción e ignorarán su deseo de vivirlo. El caso es que hoy en día es muy posible tener esta experiencia y mantener tu trabajo. No es posible en todos los casos, está claro. Por eso, es un factor a tener en cuenta cuando estás valorando tu trabajo o una posible oferta. ¿Crees que este empleo puede acercarte a ese objetivo? Mi experiencia me dice que es más fácil en empresas pequeñas o medianas, pero con implantación internacional. Las empresas grandes muchas veces son tan grandes que trabajan casi de manera independiente entre las diferentes oficinas y no tienen necesidad de mover recursos. En las pequeñas, en cambio, es más probable que se abran vacantes que tú, mejor que nadie, puede cubrir por conocer ya la empresa.

  1. Exprésate:

Y esto es clave. Si quieres irte fuera, ¡háblalo e insiste si es necesario! Por supuesto, no hablo de contárselo a tus compañeros y amigos. Háblalo con tu jefe, o con el jefe de tu jefe, o con cualquier persona que consideres que puede tener poder de decisión.

Yo incluso lo suelo decir en el proceso de selección. Gestión de expectativas, se llama. “Estoy buscando un empleo que me permita X, Y y Z.”. Y una vez en el puesto, lo voy comentando con los responsables de la decisión. No hace falta ser muy pesado para que lo tengan en cuenta. Con hablarlo un par de veces, pensarán en ti cuando surja la oportunidad.

  1. Estate listo

Y así, el día menos pensado, llega el día en el que te ofrecen aquello que tanto tiempo has deseado pero…. “bueno, te irías en agosto, tendrías que cancelar tus vacaciones…y  tienes 3 semanas para prepararte y mudarte”. Y mi respuesta fue “claro, allá voy”. ¡Aún algunos se echan las manos a la cabeza porque renuncie a mis vacaciones de agosto! ¿Quién quiere estar de vacaciones pudiendo estar viviendo esa experiencia por la que lleva tiempo luchando? El año tiene otros 11 meses para las vacaciones, que dicho sea de paso, seguro que las puedo aprovechar mejor en Brasil. En definitiva, asume que si llega algo así, no habrá alfombras rojas, no será una transición fácil, será rápido y tienes que estar ya preparado para ello.

  1. Trabaja la red de contactos

Asegúrate que aquellos que están donde tú quieres estar te conocen, y tienen una buena opinión de ti. Si estás buscando un cambio de departamento, empieza a trabajar tus relaciones con ese departamento, especialmente con los responsables. Es bueno que te reconozcan cuando oigan tu nombre y más aún que piensen en ti ante una eventual necesidad de gente. Si estás buscando cambiar de oficina, de país o de empresa, ídem. Trabaja tus relaciones, son las que te abrirán las puertas.

Con esto no pretendo crear un decálogo de cosas a hacer. Es solo un breve resumen de aquellos elementos clave que a mí me ayudaron. Espero que resulte útil.

Un abrazo desde Brasil J

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¿Y tú?¿Tienes ambiciones similares?

¿Has conseguido algún logro similar y consideras clave algún otro elemento?

Herramienta sencilla para movitarte con el tracking de tus objetivos

Pequeña ayuda para ayudarme en la consecución de objetivos

Una vez más, me ha costado bastante (un mes!) sacar tiempo o ideas para escribir en el blog, pero como todo es cuestión de constancia y a eso no me gana nadie 😉

La idea y su contexto:

Esta vez quiero escribir un post muy breve sobre una pequeña idea que he tenido recientemente y que me ayuda a hacer tracking de mis objetivos. En este caso primer caso de prueba, lo he hecho con el deporte, y concretamente, con el running, pero creo que se podría aplicar a otros muchos casos:

  • Objetivos de ahorro (euros)
  • Objetivos de estudio (horas)
  • Dejar de fumar (días)
  • Pérdida de peso (kgs)
  • Asistencia al gimnasio (días)
  • Escribir en el blog (posts)
  • Seguimiento general de todos los propósitos del año
  • Etc.

La idea surgió en el trabajo, hablando de buenas prácticas de seguimiento de objetivos y sobre cómo el tener el objetivo y el nivel de avance que has conseguido en un lugar visible podía motivar a la acción. Y si esto funciona en el entorno laboral, ¿por qué no probarlo en el personal?

Así que dicho y hecho…

La construcción:

La idea era sencilla: poner en un sitio visible de la casa un recordatorio de mis propósitos e ir viendo en qué medida los estaba cumpliendo. Pensé que una pizarra era la mejor idea, ya que puedes ir borrando, marcando avances y haciendo tantos cambios como creas convenientes y siempre me ha encantado escribir en la pizarra.

Me daba igual utilizar una pizarra blanca con rotuladores o una negra con tiza, pero tenía claro que no quería hacer agujeros para colgarla. Por eso, busqué dos tipos de pizarras: imantadas o adhesivas.

En las tiendas Natura solían tener imantadas, pero las que quedaban ahora eran muy pequeñas y apenas tenían espacio para escribir. La mejor opción para empezar la encontré en una cadena de decoración en Madrid, barata, similar a Tiger, cuyo nombre no consigo recordar… Es una pizarra adhesiva pequeñita y bastante decorativa, que costó un euro, pero ya he encargado por Amazon una pizarra adhesiva de mayor tamaño.

Decidí pegarla en la nevera, porque en mi caso está muy visible desde el sitio crítico: el sofá. Además, al ser adhesiva creí que podría encajar bien en ese tipo de superficie, sin dejar marcas después.

 

La dinámica

La forma de utilizarla es muy sencilla. Escribes el objetivo que tienes en mente de tal manera que sea fácil de medir. En mi caso “Correr 100 km”.

Otros objetivos:

  • Ahorrar mil euros
  • Estudiar 10 horas semanales de inglés
  • Dejar de fumar
  • Perder 5 kgs
  • Ir al gimnasio 15 días al mes

Si quieres puedes añadirle un plazo temporal, en mi caso no lo hice para ponérmelo más fácil 😉

Después un paso importante es pensar una recompensa. La recompensa es lo que te puede ayudar en los momentos de debilidad, pero llegará un momento en que deje de ser lo que te motive, y tendrás una motivación intrínseca. Por ejemplo, si el objetivo es dejar de fumar, puedes regalarte una sesión de compras o una escapadita si consigues no fumar durante 3 meses. Una vez que hayas cogido ese hábito y ya estés por el buen camino, dejarás de necesitar la recompensa.

En mi caso, me puse una recompensa, que actualmente estoy modificando y que probablemente acabe desembocando en unas buenas zapatillas. Por lo tanto, cuando corra 100 km me voy a permitir el lujo de unas zapatillas y durante los primeros días las visualizaba para levantarme del sofá. Busca algo que te motive pero que sea lógico y proporcionado, nada de dar la vuelta al mundo por correr 10 km o de comprarte un paquete de tabaco para celebrar que llevas 3 meses sin fumar.

Después, divides el objetivo en “miniobjetivos” o tramos, que puedas representar fácilmente. En mi caso partí los 100 km en tramos de 10 para pintarlo más fácil.

 

Y ahora qué

Después de varias semanas, he conseguido correr casi 20 km en pocos días y sigo mirando la pizarra, pero como sucede en estos casos, cada vez necesito hacerlo menos. La motivación intrínseca del deporte empieza a ser más fuerte que esa recompensa.

De hecho, el domingo volví a participar en una carrera después de un año. Y las sensaciones fueron buenísimas J

Mi plan es llevar esto a otros objetivos, empezando por el ahorro. La pizarra grande ya está en camino y estoy deseando que llegue para empezar.

Dejo una foto del resultado por si ejemplifica y unos links de pizarras a la venta en Amazon que podrían servir.

Imagen

 

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Y vosotros…¿tenéis algún truco que os ayude a no perder de vista vuestros objetivos? ¿Algo que mejorar a la idea de la pizarra?

APRENDIENDO DE MIS ERRORES

Todos cometemos errores, y aunque suena a tópico lo importante es aprender de ellos para mejorar.

Yo, paradójicamente y por diferentes motivos, fallé a dos de mis propósitos_ nutrir mi blog “Cuestión de Proponérselo” y mantener la constancia con el deporte. Quiero compartir ahora mi reflexión, aprendizaje y plan de acción.

Reflexión:

  • Prioridades mal gestionadas. Como acaba de recoger Ángel en este post, tener prioridades y dar más peso a unas áreas de tu vida que a otras es completamente normal, pero es importante no abandonar por completo lo que no consideras prioritario. En una época en la que he dejado un trabajo y empezado en otro nuevo, me he mudado y ha cambiado mi vida de manera importante, el blog perdió peso en mi escala de prioridades. Lo que nunca debí haber hecho es abandonarlo. ¿Acaso no he tenido unos minutos en casi 6 meses para dedicárselos a escribir? ¿acaso no he tenido ningún aprendizaje importante o reflexión que pudiera reflejar por escrito y compartir de manera pública?
  • La inercia y el duro momento de empezar: relacionado con lo anterior, es importante no abandonar algo por completo porque volver a empezar se convierte en todo un reto. Hace 2 meses tuve que dejar de correr por una lesión y solo hace unos días que he vuelto a calzarme las zapatillas. El momento de empezar fue duro. No exagero si digo que estuve 2 horas, con la ropa de deporte, sentada en el sofá de mi casa, leyendo el periódico, hablando por teléfono y hasta haciendo limpieza general de la casa. Era capaz de hacer de todo antes de salir de mi casa… Por eso, si puedes evitarlo, mejor no abandonar un hábito por completo. Si no tengo tiempo para escribir un post completo, largo y profundo, ¿por qué no dedicar 10 minutos para anotar algunas ideas o hacer un esquema, e ir completando a medida que voy sacando algo de tiempo?
  • Las ambiciones y los objetivos deben ser alcanzables. Refina tus propósitos si es necesario: si no puedes escribir un post de 2000 palabras a la semana, ¿por qué no te propones escribirlos más cortos, con menor frecuencia? Y si ello implica cambiar tu ambición o plan inicial, NO HAY NADA DE MALO EN ELLO. Lo malo es abandonar los esfuerzos porque el propósito resulta demasiado difícil. Si por una lesión, ya no puedo correr esa carrera de 10 km que tenía en mente, me propongo correr una de 5km, que es más alcanzable y me anima a seguir entrando.
  • Poner números: recuerdo que  una de las cosas que me mantenía más motivada a escribir el blog era ver las estadísticas de visitas, los números, los gráficos, ver la evolución. Ver que esta semana había leído mis posts cierto número de personas me animaba a escribir y conseguir un mayor número de lectores en la siguiente semana. De manera similar, hacer seguimiento de mis estadísticas de running en Endomondo, me anima a hacer más km la siguiente semana. Si tienes un propósito, ponle números, mídelo de alguna manera y rétate a ti mismo a mejorar.
  • Visualizar y materializar los compromisos. Esta mañana he oído una teoría inspiradora, que refuerza algunas de las ideas que ya he compartido en otros post. La teoría identifica cuatro fases desde el planteamiento de una meta hasta y para su consecución. Concretamente, yo lo relaciono con la capacidad de llevar a la realidad lo que nos proponemos, con cumplir con aquello que queremos conseguir.
  1. PENSARLA. Puedes pensar “voy a empezar a correr”, por ejemplo, pero  tener en mente una meta no es suficiente para alcanzarla. De hecho, según algunos estudios, menos del 15% de los que solo piensan una meta la consiguen.
  2. ESCRIBIRLA. El siguiente paso a tenerla en mente puede ser escribir “empezar a correr” en nuestros propósitos de fin de año, por ejemplo. Cuando escribimos una meta conseguimos describirla con un mayor grado de detalle y convertirla en accionable. Además nos permite “visualizarla”, se convierte en algo más tangible que cuando solo está en nuestras mentes. Según estudios, el 35%-40% de las personas que escriben una meta la alcanzan.
  3. COMPARTIRLA. La siguiente fase es la de compartir la meta con alguien, por ejemplo, contarle tu propósito a tus amigos o a la familia. Cuando contamos algo a alguien, se genera mayor compromiso. Además, dentro de un tiempo esa persona nos preguntará si hemos empezado ya a correr, y cómo vamos con ello. Cada vez que nos lo pregunten, se nos encenderá una alarma si aún no nos hemos calzado las zapatillas, y reforzará nuestro compromiso y nos hará sentir orgullosos si la respuesta es “sí, ya llevo una semana”. Según el estudio, el 64% de los que comparten su meta con alguien, consiguen alcanzar su objetivo.
  4. BUSCAR UN PARTNER. Por último, buscar una persona que nos ayude o apoye en la consecución del objetivo es el último paso para ayudarnos a conseguirlo. Por ejemplo, podemos quedar con un amigo en que saldremos a correr juntos todas las semanas. Con esto, se refuerza el compromiso, al involucrar a otra persona, y ponemos  los medios y la ayuda necesaria para conseguir el objetivo. Un estudio indica que el 76% de quienes buscaron un compañero para la consecución de sus objetivos, alcanzó la meta propuesta.

Algunas referencias sobre este tipo de estudios se recogen en estos posts (post 1, post 2).

Resumiendo, a partir de ahora, intentaré escribir posts más cortos, manteniendo el hábito aunque tenga poco tiempo. Y para ello, lo comparto por escrito y he pedido apoyo a mis ayudantes, que me ayudarán con la revisión de los borradores. Aprovecho para agradecerles su colaboración y la ayuda que me ofrecen para instaurar mi hábito.

 

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Y a vosotros, ¿qué os ayuda a conseguir aquello que os habéis propuesto? ¿Hasta qué punto os ayuda escribirlo o compartirlo con alguien? ¿con cuánta frecuencia lo hacéis?