Jóvenes competentes

Mi post de hoy pretende romper una lanza a favor de la juventud competente y profesional, y en especial a aquellos que hayan experimentado dificultades en el ámbito que menciono a continuación.

No Es un crío, es un profesional

Mientras que en cualquier otro ámbito, la juventud es un valor deseado por muchos, siento que los jóvenes recibimos a menudo un trato injusto en el terreno laboral. La sociedad quiere ser más joven en el terreno personal y menos joven en el profesional. Y no hablo de diferencias en retribución,  hablo de aspectos más importantes, de diferencias en el trato que menoscaban la profesionalidad y dañan la autoestima de jóvenes con gran potencial.

Me he cansado ya de escuchar comentarios del estilo “es un crío”, “este es un veinteañero”, “se acaba de licenciar” con connotaciones peyorativas. No infravaloremos el trabajo realizado por alguien por el simple hecho de ser joven.

Los jóvenes sentimos la necesidad de defender nuestros trabajo y de demostrar nuestra capacidad y responsabilidad, por el simple hecho de ser jóvenes. Por el contrario, a menudo no tenemos voz para demostrar nuestra valía.  Parece que el trabajo siempre haya que vestirlo de un aire “senior” para que se tome en serio y merezca la pena ser escuchado.

 La experiencia es un grado” pero, ¿”sabe más el diablo por viejo que por diablo”?

Está claro que, tal y como dice el refranero, “la experiencia es un grado”, pero creo que esto se lleva al extremo en algunos casos y que los años encima no lo aportan todo. Hasta la fecha, no se ha demostrado que las canas o las arrugas aporten conocimiento alguno, aunque algunos lo defiendan. Tanto jóvenes como “menos jóvenes” pueden aportar un punto de vista a tener en cuenta en una propuesta de soluciones, una valoración de opciones o una toma de decisión.

Experiencia vs potencial

Creo que la gente joven y la gente con más experiencia tienen unas cualidades diferentes, ni mejores, ni peores. Claro está que una persona con más experiencia podrá demostrar más seguridad por conocer mejor la situación, pero a la vez un joven tendrá tres cualidades que en determinadas situaciones pueden resultar clave:

  1. Ganas de aprender: porque en un entorno cambiante como en el que vivimos, ser un experto en una situación no nos convierte en expertos para otra. El enfrentarse a un problema va a conllevar siempre el ser flexible, adaptarse y aprender para superar la situación. Aplicar las viejas reglas de juego en nuevos contextos puede no ser siempre una solución.
  2. Humildad para asumir que uno no tiene todas las respuestas e iniciar el proceso de aprendizaje, y humildad para escuchar a otros.  A menudo la gente con experiencia se apoya tanto en su propio conocimiento y en la visión que tiene de las cosas que difícilmente acepta que puede haber otras aproximaciones (igual de buenas, o quizás mejores) o puntos de vista.
  3. Inquietud e incorformismo para no dar por hecho, para cuestionar lo que mucha gente experimentada da por hecho y jamás cuestionaría. Considero que un buen uso y gestión de esta actitud inquieta es el elemento fundamental para mejorar y generar soluciones innovadoras.

Jóvenes capaces, muy capaces

Ejemplos de este potencial, esas ganas de aprender y el espíritu joven de la gente inquieta son conocidos por todos:

Algunas de las grandes compañías creadas en los últimos años han sido creadas por gente muy joven. Lo que es más importante, no por ser gestionadas o impulsadas por un emprendedor con poca o ninguna experiencia han fracasado:

En resumen, toca defenderse y escapar de estereotipos de joven “cabezaloca”.

Joven sí, incapaz e incompetente NO

  • ¿Alguien ha experimentado algo parecido? ¿Alguna experiencia enfrentándose a un trato que considera injusto, en ese sentido?
  • ¿Hay algo que podamos hacer para defendernos?
  • ¿Somos los jóvenes, por lo general, menos capaces en el terreno profesional?
  • Siendo honestos, ¿nosotros mismos consideramos que una persona joven es menos capaz de hacer un buen trabajo? ¿damos importancia a la edad del profesional que tenemos delante?
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Nosotros soñamos. Ellos lo hacen realidad

Dedico el primer post de este blog a uno de los temas que probablemente marquen en cierto modo el rumbo de las próximas entradas: la acción, la voluntad de hacer cosas, a dar el salto, a no quedarse a la espera.

Hace solo un par de semanas que volví de un viaje por Estados Unidos, concretamente, en la costa de California. He tenido la suerte de haber podido estar en Estados Unidos más veces, e incluso de vivir durante unos meses y, sin embargo, hay algo allí que no deja de maravillarme: la capacidad de los americanos (al menos, los que conozco) de hacer lo que muchos aquí soñamos (me incluyo). Sin ánimo de generalizar, ni idealizar al ciudadano americano, resumo aquí algunas de mis reflexiones de los últimos días.

Por lo general, allí me he relacionado con personas más jóvenes que yo, entre 2 y 4 años menos y, sin embargo, me han sorprendido con su determinación y capacidad para llevar proyectos como muy pocos de mi edad lo habrían hecho.

Por citar algunos ejemplos…

  • Hace un par de años, una gran amiga de Nueva York de 22 años, con estudios de literatura inglesa, consiguió una beca para ir a trabajar durante unos meses a Madrid. El deseo de querer compartir sus gustos e inquietudes con otra gente le llevo a lanzar un taller de poesía inglesa en su tiempo libre. Una vez a la semana, las 10-15 personas de diferentes orígenes adscritas al proyecto se juntaban en diferentes puntos de la ciudad para comentar las lecturas que previamente habían compartido a través de Internet. Era también un buen momento para hablar, reflexionar, recomendar lecturas y estrechar lazos, lo que a su vez le ayudó a sentirse cada vez más cómoda en un país extranjero.
  • En este último viaje tuve la oportunidad de volver a encontrarme con otro amigo que no veía desde hace años. Al pasar por su casa, me llamaron la atención dos elementos: una pizarra enorme y una librería con títulos relacionados con la Administración de Empresas, con la Gastronomía y la Viticultura. Encima de la mesa había papeles, rotuladores, más libros… Durante la cena nos explicó a qué se dedicaba. Había terminado sus estudios hace unos meses y junto a un conocido, que era chef, había montado un proyecto para vivir de lo que le gusta: una especie de versión real del programa “Desastre en la Cocina”. Aplicando sus conocimientos de gestión, identificaba restaurantes con dificultades, a punto de cerrar, contactaba con los dueños y se comprometía a trabajar por sacarlo a flote y convertirlo en un éxito en pocos meses. Eso implicaba enseñar a gestionar personas, revisar los menús, la gestión de compras, la situación financiera de la empresa, etc. ¿Acaso sabía de todo? En absoluto. Mi amigo, recién licenciado, detectaba cierta problemática y estudiaba hasta ser capaz de resolverlo. Por ejemplo, actualmente estaba estudiando temas relacionados con la optimización de procesos.
  • En los Ángeles, ser artista es algo habitual. Estuve visitando a un amigo y su familia en su rancho familiar, del que él, a sus 24 años, se encargaba con total responsabilidad (la propiedad, decenas de animales, etc.). Está terminando sus estudios de música y lleva ya varios años como cantante, habiendo grabado varios singles, videoclips y cantado en conciertos en Europa. Y a pesar de todo, es una persona humilde, no se siente especial. Reconoce con total tranquilidad que le costó encontrar su camino (primero probó suerte como actor) y por eso va a terminar los estudios más tarde que otros compañeros de colegio. Admira a su hermano, que toca la batería y que actualmente acompaña como telonero a Maroon 5 en su gira. Y esto, que a mí me resulta extraordinario, no sorprende a nadie por allí. Nos explicó su madre que desde niños, los dos hermanos comenzaron con la música en el colegio, concretamente con clases de pop y rock. Allí, nadie les obligó a tocar la txirula o a cantar las canciones infantiles de turno, sino que tuvieron la oportunidad de elegir aquel estilo musical con el que se sentían más cómodos ¿no es genial?

Coincidimos en nuestra visita al rancho con una amiga suya, con estudios de directora de cine, que actualmente estaba de visita buscando un escenario para su próximo documental. Junto con una amiga diseñadora habían decidido grabar un proyecto sobre moda inspirada en los antiguos nativos americanos. Lanzaron un proyecto de crowdfunding en Kick Starter y superaron su objetivo de los 5.000 dólares. Con ello, montó un equipo de proyecto y se pusieron a trabajar en el documental. Tuve la oportunidad de verle trabajar con el cámara, modelos, etc. y no podía creerme que aquella chica tuviera solo 24 años.

Puede ser que haya tenido suerte encontrando a personas allí que me han servido de inspiración pero, a riesgo de poder caer en la generalización, en los últimos días he estado reflexionando sobre lo siguiente:

  • No sé hacerlo o no tengo experiencia suficiente no es una excusa para no lanzarse a lanzar un proyecto que te gusta, para quedarte esperando a que las cosas lleguen solas. Si no sabes, aprende. No es necesario ser un erudito en la materia, ni tener 15 años de experiencia para empezar con algo; hay que tomárselo como un proceso, en el que se evoluciona y se mejora continuamente.

No tengo recursos tampoco es una excusa para hacerlo. Si tienes un proyecto en el que crees y eres capaz de defenderlo ante los demás, serás capaz de conseguir el dinero que necesitas. Si no lo tienes, consíguelo.

En definitiva, si de verdad quieres hacer algo, hazlo. 

  • No todo sale a la primera. Si descubres que te has equivocado de carrera o algún proyecto ha fracasado tienes una oportunidad para aprender. No hay nada de malo en cambiar de rumbo, ni en no acertar a la primera, ni en cometer errores. No es un motivo para sentirse avergonzado o fracasado. No obstante, creo que aquí nos cuesta admitirlo y en ocasiones nos sentimos forzados a tener las ideas claras desde un inicio, a tener éxito a la primera. Solo hay que pensar, ¿cuánta gente termina sus estudios únicamente por no poder/querer admitir que se ha equivocado en su elección?

Un error o un cambio de rumbo no son un fracaso, son un intento de éxito y un aprendizaje de futuro

  • El sistema educativo o la cultura en Estados Unidos orienta a las personas hacia la acción en mayor medida que la mayoría de los sistemas europeos, más basados en el saber que en la hacer. En pocas palabras, el europeo sabe más pero hace menos. Creo que nos da más miedo pasar a la acción, nos sentimos menos seguros de nuestras capacidades y queremos ser mucho más expertos antes de enfrentarnos a un problema. En ese sentido, somos más “segurolas” y nos gusta movernos en un entorno que conocemos bien.

Con respecto a esto, un buen amigo me comentó la semana pasada que él sentía que, una vez en acción, en Estados Unidos les costaba profundizar en el tema, mientras que el europeo sabe más y es capaz de llegar más al fondo de los problemas. Puede ser, sí, quizás.

Afortunadamente, creo que esto está cambiando y en mi entorno van apareciendo cada vez más casos de personas con actitud que va más allá del soñar. Ojalá esto siga así y haya muchos más en un futuro, ya que, bajo mi punto de vista, es una de las claves del crecimiento y el bienestar como persona y como sociedad.