Mi propio plan estratégico

Hace unos cinco años mis compañeros de promoción y yo misma teníamos bien claras nuestras metas y qué teníamos que hacer para alcanzarlas. Hoy, ya no tanto. Durante la universidad, sabíamos que teníamos que terminar la carrera y a ser posible con una buena media para el día de mañana tener trabajo, teníamos que mejorar el inglés y sacar algún título para poder disfrutar de nuestro semestre de intercambio en algún destino que nos atrajera y teníamos que ahorrar dinero para poder salir de casa de nuestros padres o para comprarnos ese coche o moto que cada vez se nos hacían más necesarios.

Ahora, después de haber hecho el semestre de intercambio, con trabajo y un coche, ya no sabemos qué más tenemos que hacer. En ocasiones nos sentimos algo perdidos y, simplemente, nos dejamos llevar. Estamos, como dice una buena amiga, “viendo nuestra vida pasar”.

Con la graduación, se acaba una etapa, en la que todo estaba planificado y empieza una nueva etapa, casi como un lienzo en blanco.

Es el momento de marcar una nueva ruta, y esta vez nadie lo hará por nosotros. Es el momento de trazar un plan a largo plazo y esto no es cosa fácil…

Lección 1: Acabada la época de estudiante (si no, antes) toca reflexionar sobre nuestros objetivos a largo plazo

Lo más complicado es ser consciente de la necesidad de sentarnos a pensar, de reflexionar, de marcar metas para construir el camino. Recuerdo que hace unos años, en un taller dinamizado por Joserra Mandiola, dentro del programa Innovandis, nos habló por primera vez de hacer nuestro Plan de Vida. Curiosamente, llevábamos años aprendiendo a diseñar estrategias y orientar las acciones de empresas y todo tipo de organizaciones, y resulta que nunca se nos había ocurrido hacerlo para nuestra propia vida.

Lección 2: El sentido común y los principios de la gestión de empresas son aplicables a tu propia vida

Después de varios años con la idea de ir a Estados Unidos a estudiar un MBA en mente, un buen amigo me hizo una pregunta muy sencilla: “¿Y para qué?” .Me di cuenta de que mi respuesta estaba completamente vacía  “Para ir a Estados Unidos, para estudiar, para tener un MBA”. Estaba confundida. Ir a Estados Unidos, estudiar, tener un MBA no son más que un medio para alcanzar alguna ambición, y no pueden entenderse como fines en sí mismos.

Esto me lleva al famoso pasaje de Alicia en el País de las Maravillas:

 -¿Podría decirme, por favor, qué camino he de seguir desde aquí?

-Eso depende en buena medida del lugar adonde quieras ir- dijo el gato

-No me importa mucho a dónde… –dijo Alicia.

-Entonces no importa por donde vayas –dijo el gato.

 Mi versión del Plan de Vida: un árbol de objetivos

A continuación, resumo cómo fue el proceso de autorreflexión que hice hace unos pocos meses y que se basa en una representación sencilla y rápida de objetivos. Sigue un poco la idea del Plan de Vida que ya nos habían enseñado pero lo he personalizado un poco.

Papel y boli en mano, lo primero fue identificar ambiciones, metas, a dónde quería llegar en el futuro. Traté de visualizar mi vida y mi “yo ideal” en 20-30 años (a más largo plazo se me hace demasiado complicado). En mi caso, acabé llegando a 7-8 ambiciones a largo plazo, que al revisarlas me dí cuenta de que unas eran derivadas o generalizaciones de otras y se podían agrupar, reduciéndolas a 4-5 grandes metas a alcanzar (Nivel I).

Estas metas son generales, no detallan plazos. Son lo que podríamos asemejar a nuestros objetivos estratégicos.

Algunos temas que pueden orientar son: situación familiar, laboral, salud, amistades, crecimiento personal. En definitiva, ¿cómo quieres que ser tú mismo cuando tengas 40-50 años?

Lección 3: Deberías ser capaz de identificar, al menos, un par de grandes ambiciones que te inspiren

A partir de ahí, el siguiente paso es preguntarse qué necesitamos conseguir para alcanzar cada uno de esos 4-5 objetivos de Nivel I que nos hemos propuesto. Para ello, hay que preguntarse “Para alcanzar ese objetivo estratégico, ¿qué tengo que hacer?”. Por ejemplo, supongamos que una de nuestras grandes metas es “Ser Independiente”. Para ser independiente, debemos, entre otras cosas:

–         Tener seguridad personal

–         Tener recursos suficientes

–         Tener buena salud

Estos serían los objetivos de Nivel II. A su vez, esto puede desglosarse en más y más niveles (Tener buena salud implica llevar una vida saludable, lo que a su vez lleva a alimentarme de manera correcta, dormir 8 horas y hacer deporte de manera regular). Los objetivos son cada vez más operativos, más cortoplacistas, y acaban convirtiéndose en metas cercanas, concretas, medibles, alcanzables, realizables, (típico acrónimo SMART) o en buenos propósitos de fin de año 😉

Al final, nuestra lista de ambiciones y objetivos se convierte en un árbol, cuyas últimas ramas deberían orientar nuestro día a día, debería ayudarnos a la toma de decisión y a decidir en qué invertir nuestro tiempo y nuestros esfuerzos de los próximos días.

Por si ayuda a entenderlo mejor, un ejemplo para representar a qué me refiero con este “árbol de objetivos”:

Los ejemplos son un poco tontos, pero puede ayudar a representar la idea

Los ejemplos son un poco tontos, pero puede ayudar a representar la idea

Existen algunas herramientas que pueden ayudarnos a representar estas nubes de ideas y estas relaciones, por ejemplo, MindMeister.

¿Cómo y para qué utilizarlo una vez hecho?

Mi árbol de objetivos, lo más limpio posible, lo guardo en un cuaderno y sé que está disponible cuando necesito retomar el rumbo. Así, si se me presenta una oportunidad y tengo que tomar una decisión, miro el cuaderno e intento buscar si tiene encaje en mi “plan estratégico”.

Si al realizar mi reflexión no he identificado la necesidad de estudiar un máster en Estados Unidos en ninguno de los niveles, ¿acaso tiene sentido que lo haga? Pues puede, pero siempre y cuando no desvíe tu atención y tiempo de cosas que claramente sí tienes que hacer para alcanzar tus metas.

Alguien me dijo una vez “Esta empresa me paga un máster en una universidad de prestigio, ¿cómo no voy a aceptarlo?” y recuerdo que claramente le respondí “El máster no es bueno o malo en sí mismo, todo depende de la utilidad que tenga PARA TI. Si racionalmente consideras que estudiar ese máster es necesario para alcanzar lo que quieres en un futuro, adelante, pero no te dejes llevar por el “es lo que hay que hacer”, “estas oportunidades hay que aprovecharlas” Piensa si podrías utilizar ese tiempo en algo que claramente te acerque a donde quieres llegar”. PRIORIZA.

Cuando terminamos la ESO mi profesor de física me llamó a su despacho. Se había enterado de que había elegido un Bachillerato de Ciencias Sociales y de que sentía interés por la economía. Aquel hombre no podía entender que una persona con buen expediente, con buenas notas en matemáticas y física, no apostara por un bachillerato científico y una carrera de ingeniería. “Tú, con tus notas, podrías estudiar una ingeniería industrial o de telecomunicaciones que es lo que muchos quieren y no consiguen”. Aquel discurso tuvo poco o ningún efecto sobre mí. Jovencita, pero en aquel momento muy segura, le dije “Efectivamente, podría hacerlo, pero no es lo que quiero”. Y no me arrepiento, creo que tomé la decisión correcta, la que mejor encajaba con el “yo” que quiero ser.

Lección 4: Las cosas no son buenas (oportunidades) o malas (amenzas) por sí mismas, todo depende de tu meta y de si eso te acerca o no a ella

Por último, no olvidemos que la vida no puede basarse en un plan estratégico y de que a veces sentimos las necesidad de hacer cosas “just for the fun of it”. Esas cosas son sanas y necesarias y, de hecho, seguramente seríamos capaces de identificarlas como uno de los requerimientos para alcanzar algún objetivo de nivel superior. No es cuestión de obsesionarse. Personalmente, este plan me ayuda por el simple hecho de hacerlo y puedo revisarlo cuando siento que, como digo yo, necesito retomar las riendas y el rumbo de mi vida. Los planes estratégicos deben inspirar, orientar y ayudar a priorizar, no encorsetar o limitar.

Lección 5: Tu plan estratégico debe facilitarte la vida, no complicártela 😉

Espero que estas ideas resulten útiles y, si es necesario, ayuden a alguien a coger las riendas de su vida 😉

Os dejo con un vídeo inspirador que viene al caso. Gracias a Rafa por la idea.

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¿Alguien hace este tipo de reflexiones? ¿Cómo las hacéis?

¿Creéis que es una buena costumbre hacer esto o es mejor “improvisar”?

¿Crees que un plan así puede limitarnos?

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